12 nov. 2013



A medida que vas creciendo, los años pasan y te vas haciendo adulto poco apoco, teniendo cada vez más responsabilidades que empiezan primero con cosas insignificantes como lavar los platos o hacer tu cama.
Madurar trae consigo un abanico de dudas, de "ralladas", de el qué dirán los demás. Y el niño que eras antes se queda en nada.
A medida que he ido creciendo, me he dado cuenta de que lo único que me preocupa en la vida son cosas de lo más simples y estúpidas.Que sólo me intereso por mí misma y, en cierto modo, es mejor así.
Me gustaría retroceder en el tiempo hasta aquellos años en los que era inocente, simple como lo es un rallo de luz. 
Antes sólo me preocupaba en portarme bien para que Papá Noel me trajera lo que yo deseaba. Eras lo que eras, nada importante, ni tu color, ni tu ropa, ni tu dinero. Ahora me preocupo por no engordar ya que los chicos no se fijan en mí por mi cara, por mi físico. ¿Qué más da dejar de comer un poco para tener un poco más de belleza? Me preocupo por lo que piensen los demás de mí, por la imagen que puedo dar a los demás.
En esta vida da igual lo buena persona que seas, cuanto mejor parezcas ser, más parece que la vida disfruta en pisarte.


Una compañera vuestra parece ser que empieza a reflexionar sobre los inconvenientes de la vida. Creo que todavía no ha descubierto lo efímero de la belleza y lo superfluo que resulta el culto al cuerpo. Seguro que su madurez logrará enseñarle lo rápido que pasa ésta y lo importante que es fortalecer otros pilares en su vida.


No hay comentarios:

Publicar un comentario